sábado, 8 de febrero de 2020

Apertura. "Rompehielos". (V/4). Curavacas. Febrero 2020



Por quinto día en poco más de un mes, el amanecer me sorprende con la mirada puesta en el Curavacas. Yaco y yo progresamos por una nieve durísima en su cara norte, más que cara norte es un circo, a modo de anfiteatro, con dos paredes casi enfrentadas separadas por la brecha del Corredor del Portillo. A la derecha la que culmina en la cima Oeste, surcada por "Horizonte de Sucesos" (anterior entrada de este blog); y a la izquierda la pared que acaba en la Meseta Inclinada y la cima principal.

Nos dirigimos al centro de esta última, allí, entre verticales cascadas, discurre la "Vía Quebrada", una vía de roca que nos hace pensar en una posible progresión por su entorno en piolet tracción.

Aspecto general de la pared.

Por ahí va la vía.

La pared se presenta cubierta de hielo, el calor de las horas centrales del día ha formado sobre la nieve una capa de hielo cristal, ha verglaseado la roca y, entre ella, muchas cascadas sugieren varios itinerarios, luego veremos que algunas son columnas quebradizas imposibles de escalar, elegir bien entre ellas será la clave que nos guíe en nuestra progresión. Montamos la reunión inicial con un tornillo y nos metemos en faena.

L1: 40 m/3+
Cascada de 12 metros a 75° con hielo grueso pero muy estalladizo, termina en una sección de hielo a 60° con otro pequeño resalte a 75° hasta hacer reunión bajo una nueva cascada. Protección y reunión con tornillos.

L1.

L1.
L1.


Final L1.

Final L1.

L2: 40 m/3+
La zona gruesa de la cascada es hielo cristal quebradizo así que se flanquea hacia la izquierda para enfilar hacia arriba por hielo más fino pero de mejor calidad, 6 metros a 80° conducen al inicio de un corredor en nieve dura y hielo que, con una pendiente entorno a los 60° permite ganar bastantes metros. Reunión a mitad del mismo con dos tornillos acortando el largo para evitar rozamientos. Protección con tornillos y un fisurero.

L2.

L2.

L2.

L2.

Final L2.

L3: 40 m/3
El corredor se convierte en una estrecha línea de hielo que pasa progresivamente de los 60° a los 70° con una evidente bifurcación en la que tomamos la rama derecha. Reunión bajo un muro de hielo con una marcada columna a su izquierda, que nuevamente, al igual que la protección, hacemos con tornillos.

Inicio L3.

L3.

L4: 50 m/3+
El muro de hielo que cierra el paso es un paño quebradizo y la marcada columna está formada por hielo cristal pulido y estriado. Decidimos buscar más a la derecha algo mejor. Protegiendo con tornillos se hace un flanqueo delicado y expuesto en hielo a 65°, al abrirse la visión y, con solo un tornillo ya en el arnés, descubro una cascada a 75° de unos 6 metros que sale a algo que parece nieve dura. Protejo con ese último tornillo, superó la cascada y avanzo por nieve corcho a 60° en busca de una banda rocosa donde hacer reunión. Logro emplazar precariamente un clavo y el tótem negro, refuerzo con los piolets clavados a cañón en hielo y recupero a Yaco.

L5: 50 m/3
Tras un primer resalte en hielo de 5 m a 70°, corredor de nieve dura y hielo con tendencia a la derecha por el que se gana la Meseta Inclinada. Reunión lazando una roca emergente, protección con tornillos.

Saliendo en el L5.

Saliendo en el L5.

Por fin el sol, la Meseta Inclinada está durísima, con una inclinación moderada, pero tremendamente expuesta, nos lleva hasta la salida de la Canal Sur, tras el flanqueo del contrafuerte rocoso, ganamos la cumbre por un corredor con nieve también muy dura y algo de hielo que da el castigo final a nuestros gemelos y punteras.

Muchas horas y un puntito de tensión hasta el abrazo del final.

Bajamos por La Llana sin perder la concentración pues está muy helada, y por fin, con las últimas luces del día, descendemos por el Callejo Grande donde, sorprendentemente, la nieve sigue estando dura. Volvemos a encender los frontales como hace unas cuantas horas, para llegar hasta Vidrieros, la luna, que quiere ser llena, junto con la neblina que se está echando, dan un aspecto mágico a estos últimos pasos. Mientras, la silueta del Curavacas, sutilmente iluminada, nos reclama una última mirada.

Los maltrechos pies nos recuerdan lo durísimo que estaba el hielo. "Rompehielos", no podía ser de otra manera, un nombre que nos transportará a las condiciones de la apertura de esta línea que, como me dice Tente Lagunilla, endereza la estival "Vía Quebrada". Discurren cercanas, en algún momento se cruzan, pero no comparten recorrido. Grandezas del invierno, con su disfraz de hielo que todo lo cambia.

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